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Columnas

Algo huele mal

Nepotismo, endogamia y besa- manos, entre otros, son términos usados al analizar la crisis que afecta al Poder Judicial. En paralelo, autoridades de las iglesias evangélica y católica están siendo investigadas; hay procesos contra ex altos oficiales de Carabineros y del Ejército; diversos empresarios han sido acusados por colusión; un exdirigente deportivo y un ex alto ejecutivo del sector financiero han sido investigados por autoridades de EE.UU. por corrupción y uso de información privilegiada, respectivamente; y el financiamiento de la política ha dado lugar a varios procesos judiciales.

No sabemos si estas malas prácticas son nuevas o siempre ocurrieron. No es cierto que todos los casos son constitutivos de delito, pero, aunque no lo sean, huelen mal. En suma, nuestra institucionalidad —el conjunto de normas y reglas, escritas y no escritas, que regulan la vida en sociedad -— está demostrando serias debilidades y carece de credibilidad.

Más allá de consideraciones éticas, ¿por qué debe preocuparnos este deterioro? Hay a los menos dos motivos importantes. Primero, por razones de equidad. Las instituciones están para servir a todos por igual y no solo a unos pocos. Cuando se benefician solo aquellos que tienen contactos o quienes ocupan un puesto importante, abusando de su posición, se están sembrando las condiciones para la inestabilidad social. Nada causa más molestia al ciudadano común que ver un trato inequitativo en cosas tan simples como hacer un trámite o pedir justicia.

En segundo lugar, porque en el largo plazo nuestras posibilidades de alcanzar el desarrollo dependen de la calidad de nuestras instituciones. No basta con sumar capital y trabajo al proceso productivo. El crecimiento depende de la capacidad de hacer mejor las cosas, innovando y emprendiendo, y para esto se requiere de buenas instituciones.

La evidencia empírica es contundente: El desarrollo no se consigue tratando de sacar “ventajas” al sistema, sino creando valor, y para esto se necesita confianza y equidad. Chile se encuentra en un punto crítico para avanzar en su desarrollo futuro. Necesitamos salir fortalecidos de esta crisis institucional, para lo cual requerimos líderes que reclamen las instituciones para los ciudadanos. Si no lo logramos, el sueño de alcanzar el desarrollo se aleja.

Columna publicada en La Segunda