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Columnas

Argentina: la fase final del populismo

En un notable ensayo sobre populismo, Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards afirmaban hace casi 30 años, que la historia de América Latina parecía repetirse infinitamente con ciclos dramáticos e irregulares. Sachs (1990), escribía que en la región la política económica suele ser un campo de batalla de distintos sectores. Estos análisis, al igual que muchos otros, se basaron en populismos de muchos países de la región, entre ellos, la experiencia de Argentina durante los años 40 y la de Chile a inicios de los 70. Los momentos fueron distintos, pero los casos similares. Ambos gobiernos a inicio de sus períodos consiguieron elevadas tasas de crecimiento, pero lo lograron a través de políticas macroeconómicas insostenibles. En el largo plazo, los resultados fueron elevadas tasas de inflación y severas caídas en la actividad económica, culminando esas dos experiencias con trágicos golpes de Estado.

Afortunadamente las intervenciones militares ya no son frecuentes en la región, pero la adopción de políticas económicas inconsistentes en el largo plazo sí. En particular, Argentina hoy enfrenta un sinfín de desafíos luego de 12 años de desmesura fiscal y monetaria. En noviembre de 2016, la misión del articulo IV del Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía que la administración de Mauricio Macri había recibido el país con severos desequilibrios macroeconómicos, distorsiones microeconómicas y un marco institucional debilitado. Sin embargo, el organismo elogiaba el camino de reformas emprendido y al mismo tiempo señalaba la vital importancia de continuar y profundizar la reducción del déficit fiscal.

Pese a una elevada presión tributaria de 35,7% sobre el producto en 2016, el déficit fiscal del país trasandino en dicho año alcanzó un 5,8% del producto, uno de los más altos del mundo emergente. Una reducción del déficit permitiría reducir la presión tributaria y la tasa de inflación, constituyéndose esto en un importante estímulo para el crecimiento. La reducción del déficit fiscal es no sólo el desafío más importante sino también el más delicado debido a que puede acarrear costos políticos y sociales. El crecimiento puede contribuir a través de una mayor recaudación, pero esto no es insuficiente. También es necesario recortar el gasto público, ya que las erogaciones totales del gobierno Federal alcanzaron en 2016 un 39,6% el producto, siendo este el valor más alto de América Latina después de Brasil (42%).

Según el FMI, el número de personas empleadas en el sector público aumentó desde 2,3 millones a 3,9 millones durante el período 2001-2014. De esta manera, el componente de salarios dentro del gobierno federal alcanzó un 12,5% del producto en 2015, una cifra superior al promedio de 10% de muchas economías desarrolladas. Además, el sistema de pensiones y seguridad social ha incrementado de tal manera el número de beneficiarios que es insostenible a futuro. Las proyecciones del mismo FMI indican que para 2066 el déficit del sistema de pensiones superará el 5% del producto interno bruto. La reforma previsional recientemente aprobada por el congreso generó mucha polémica y violencia de ciertos sectores, sin embargo, va en la dirección correcta ya que el sistema actual amenaza con cargar a las generaciones futuras con todo el peso del financiamiento.

A partir de las experiencias observadas, Dornbusch y Edwards (1991) distinguen tres elementos del paradigma populista: la insatisfacción inicial de la población con las condiciones económicas del momento, la definición de las políticas económicas enfatizando la redistribución del ingreso y el desconocimiento absoluto de cualquier restricción macroeconómica. Esto induce a los líderes populistas a adoptar políticas monetarias y fiscales excesivamente expansivas que inducen un crecimiento económico alto, pero de corto plazo. Con el correr del tiempo la inconsistencia de las políticas se va haciendo cada vez más evidente hasta que no queda otra opción más que ajustar. Esto último, Dornbusch y Edwards lo reconocen como la fase final del populismo y es lo que le toca llevar a cabo al gobierno argentino actual, una tarea nada sencilla.

Columna publicada en La Tercera.