cerrar flex-next flex-prev icon-excel icon-facebook icon-flickr-gray icon-flickr icon-fullscreen icon-gal-next icon-gal-prev icon-ham icon-instagram icon-less-blue icon-less icon-linkedin icon-lupa icon-mail icon-menu icon-more-blue icon-more icon-reader icon-share icon-twitter play

Columnas

23 Febrero 2015 | Rodrigo Cerda |

Brotes aún demasiado verdes

El IMACEC de diciembre sorprendió al alza -con una expansión de 2,9% acelerándose respecto al 1,3% de noviembre- y las importaciones de bienes de capital crecieron después de 16 meses de caídas. Estos podrían ser los signos del famoso y anhelado punto de inflexión de la economía. Ojala así fuera, pero el panorama no está tan despejado como pareciera.

La desaceleración comenzó debido a una fuerte caída de la inversión, la que se fundamenta en parte importante en una pérdida de confianza interna. Los datos de encuestas muestran caídas persistentes de la confianza empresarial, especialmente en 2014. Aunque en enero el Índice Mensual de Confianza Empresarial de UAI/ICARE mostró una mejoría respecto a diciembre, sigue estando en la zona de pesimismo. En este escenario llevamos ya 6 trimestres consecutivos de caídas en inversión. ¿Será el primer trimestre de 2015 el séptimo trimestre de caída de inversión? No podemos descartarlo. De hecho, si bien en diciembre las importaciones de bienes de capital -termómetro para evaluar anticipadamente la inversión en maquinarias y equipos-, mostraron un incremento de 24,4%, en enero se contrajeron 18,7%. Esto revela que el efecto positivo de diciembre estuvo fuertemente influido por factores puntuales, como el ingreso de nuevos carros de metro.

Pero, hasta ahora el frenazo había estado enfocado en la inversión privada mientras que el consumo se había desacelerado sólo moderadamente. Sin embargo, el consumo privado ha comenzado a manifestar bastante debilidad, especialmente desde fines de 2014. En efecto, las importaciones de bienes de consumo muestran caídas ininterrumpidas desde marzo del año pasado, las cuales se acentuaron durante la segunda mitad del año. Estas caídas fueron lideradas por la importación de bienes de consumo durables, que dependen en forma importante de las expectativas del consumidor. Un ejemplo son las importaciones de automóviles que se desplomaron 30,1% en enero. Esto está en línea con la debilidad de la confianza del consumidor, que como muestra el IPEC de enero, se encuentra en niveles cercanos a los de mediados de 2009. Por su parte, las ventas minoristas registraron contracciones anuales en los meses de septiembre y octubre aunque en noviembre crecieron 0,4% y se aceleraron a 1,9% en diciembre. Pero da la impresión que el repunte del consumo minorista en diciembre tiene mucho de puntual. Por una parte, la drástica caída de la inflación en diciembre provocada por la caída en el precio internacional del petróleo, llevó a un incremento en la capacidad de compra. Esto se materializó en una aceleración de los salarios reales desde un 1,2% en noviembre a 2,4% en diciembre. Asimismo, el empleo con contratos a plazos muy cortos lideró el incremento anual del empleo en el último trimestre del año.

Pero, el efecto positivo de la caída de los precios del petróleo debiera irse neutralizando a medida que pasen los meses, lo que irá atenuando el efecto positivo sobre los salarios reales. También es posible que se resienta el empleo, una vez que se agote el efecto positivo de los contratos temporales desde el segundo trimestre en adelante. Todo esto podría desacelerar aún más los datos de consumo privado, que es la parte más importante de la demanda interna.

Los datos entregan señales que hacen dudar del tan anhelado punto de inflexión, por lo menos desde el punto de vista de la demanda interna. Ojala entonces, que el carro de la economía internacional nos impulse lo antes posible por medio del crecimiento de nuestras exportaciones.