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Columnas

Cambios tributarios en Estados Unidos

El presidente Donald Trump está impulsando una reforma tributaria cuyo componente principal son modificaciones al impuesto corporativo, al igual que lo fue nuestra reforma de 2014. Sin embargo, los caminos emprendidos son distintos: mientras Estados Unidos bajará los impuestos y simplificará el sistema tributario para ganar competitividad y aumentar el crecimiento, acá los subimos, nadando en contra la corriente.

Los impuestos corporativos se aplican sobre las utilidades, sin importar si estas se invierten o se reparten a sus dueños. Así, el impuesto afecta la disponibilidad de caja de la empresa y su capacidad para invertir. De igual forma, el impuesto corporativo, disminuye la inversión de las empresas al disminuir la rentabilidad de sus proyectos. Una manera didáctica de entender esto es mediante el siguiente ejemplo: imagine que usted tiene un negocio a medias con un socio. Mientras usted aportó capital líquido, su socio aportó con capital físico como por ejemplo, una fábrica. Sin embargo, un desastre natural dejó inutilizable este último aporte (supongamos que tampoco tenía seguro). Si usted quiere invertir nuevamente en el negocio lo tendrá que pensar dos veces, porque tiene un socio que no aportó nada pero que reclamará la mitad de las ganancias. Con el impuesto corporativo es lo mismo, usted tiene un socio (el Estado) que no aporta, pero reclama el 27% de las ganancias, es por esto que usted se preguntará dónde es mejor invertir. ¿Aquí o en un país con menores impuestos? Bajo una mayor tasa corporativa, sólo se realizarán los proyectos que aseguren una mayor rentabilidad, descartándose otros proyectos que antes eran realizables. En un lenguaje más técnico, diríamos que el costo de uso del capital aumenta.

A través del ejemplo anterior se puede comprender por qué el impuesto corporativo afecta la inversión cuando hay libertad en la movilidad de capitales: las inversiones se moverán hacia lugares más convenientes. No por nada los nórdicos -que comprendieron bien esto- decidieron que la mejor forma de mantener el “estado de bienestar” es cobrarles más a las personas y menos a las empresas, entre dichos países este tributo promedia 21,6% por debajo del 23% promedio de sus vecinos Europeos.

Volviendo al caso de los Estados Unidos, la tasa corporativa federal se encuentra actualmente en un nivel de 35%, siendo la mayor en la OCDE, sin embargo, este país recauda por debajo del promedio de dicha organización para este tipo de impuesto. Por lo anterior, se entiende que se quiera avanzar hacia un sistema más simple, con menores exenciones, una base tributaria más amplia y una tasa de impuestos menor. Si bien el logro de estas medidas, junto al resultado final, dependerá principalmente de las negociaciones del congreso, lo cierto es que la disminución en la tasa de impuesto parece bastante probable.

En Chile por otro lado nos hemos movido en la dirección contraria. Nuestra reforma de 2014 no sólo ha vuelto más complicadas las cosas sino también ha elevado de manera sustancial el impuesto de las empresas. Es interesante como nos encanta compararnos con la OCDE para todos los temas excepto tributación. Desde el año 2000 y considerando el próximo año (en que nuestra reforma estará en pleno régimen) habremos sido el único país que tendría alzas de impuestos en el periodo. Mientras en promedio la OCDE disminuyó la tasa de impuesto en 8,7% en periodo citado, pasando desde 32,5% a 23,8% (considerando que Estado Unidos logre su meta). Nosotros en cambio la aumentamos en 12 puntos, pasando de 15% a 27%.

La reforma de Estados Unidos consolida la tendencia mundial que se ha desarrollado en las últimas décadas en torno a la reducción del impuesto a las empresas. Dada la apertura de nuestro país y lo inserto que está en el mundo, será difícil mantenerse como un destino atractivo de inversiones si es que los demás países continúan bajando sus impuestos. Este es uno de los problemas de nadar contra la corriente en esta materia.

Columna publicada en La Tercera.