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Columnas

07 Enero 2018 | Sergio Urzúa | Otros

Costosa somnolencia

Usualmente el tema de esta columna dominical lo decido el lunes anterior a su publicación. Esta vez cayó 1 de enero. Las pocas horas de sueño no hicieron ese día muy productivo. Baja concentración, malas ideas. ¿Hasta qué punto el cerebro trasnochado nos puede jugar una mala jugada? ¿Cuánto cuesta la somnolencia?

En las sociedades modernas, las horas de sueño pasaron a segundo plano. Ya sea por trabajo, estudio, ocio, tráfico, horarios escolares, la televisión en el dormitorio, el chat del celular, dormir 8 horas ha dejado de ser norma. Y Chile no es excepción: 15% de la población duerme menos de 6 horas, 34% menos de 7 y 54% menos de 8, cifra que se eleva a 60% entre los 25-40 años (Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo, 2015). ¿Cuántas horas duerme usted? La respuesta es más importante de lo que se imagina.

En Why We Sleep , uno de los libros notables del 2017, Matthew Walker cubre tanto los efectos de no dormir lo suficiente como los mecanismos que los producen.

Cuando dormimos, explica el profesor de Berkeley, el cerebro humano no está descansando. Muy por el contrario, está realizando una infinidad de procesos esenciales: procesamiento de información, solidificación de memoria, restauración de redes, eliminación de desperdicios neuronales, control de niveles hormonales, entre otros. E interrumpir esas acciones tiene consecuencias. Entre las condiciones neurológicas y psiquiátricas que se gatillan al hacerlo están la ansiedad, depresión, bipolaridad, demencia senil y alzhéimer. A estas se suman enfermedades cardiovasculares, obesidad, infertilidad, deficiencias inmunológicas, alteraciones genéticas, diabetes y cáncer. ¿Mucho color? Juzgue usted: Estudios concluyen que adultos de 45 años o más que duermen menos de seis horas tienen tres veces más posibilidades de sufrir un ataque cardíaco en su vida que quienes, en el mismo grupo, duermen entre 7 y 8 horas.

Y los efectos negativos entre los niños y jóvenes son incluso mayores. Insuficientes horas de sueño a temprana edad causan mayores niveles de agresividad, déficit atencional, consumo de droga y alcohol, y también menor capacidad de aprendizaje. El daño se multiplica cuando, a pesar de que el ciclo de sueño de los niños es más largo, somnolientos padres ajustan los horarios de los menores a sus rutinas de adulto para pasar más tiempo en familia. ¡Quien te ama, te aporrea!

La somnolencia nacional es un tema de política pública. Desde el horario escolar hasta un transporte público eficiente, pasando por el sistema de salud, son todos ámbitos de acción que pueden aliviar los costos individuales y colectivos que genera. Estimaciones indican que para una economía la falta agregada de horas de sueño puede significar pérdidas anuales en torno al 2% del PIB. Por eso lo invito en este nuevo año a dormir un poco más. Hay que aprender de la evidencia. La felicidad y productividad nacen de un buen descanso diario.

Columna publicada en El Mercurio.