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Columnas

08 Noviembre 2017 | Rodrigo Cerda | Laboral

¿Cuánto del crecimiento económico va a los trabajadores?

¿Qué proporción del PIB se la llevan los trabajadores? Esto es lo que se conoce como la participación de la masa salarial en el PIB, y básicamente nos indica cuánto del valor agregado producido en nuestro país, finalmente llega a manos de los trabajadores. Mientras mayor es esta cifra, mayor debería ser el poder adquisitivo de los trabajadores (para un cierto tamaño del PIB) y desde ese punto de vista, deberíamos esperar mayor bienestar de la población. Esta cifra también es interesante porque nos indica cómo se reparte el crecimiento económico. Mientras mayor sea, mayor parte del crecimiento económico se lo llevan los trabajadores.

En Chile, esta cifra bordea el 42% (calculada como pago a remuneraciones sobre PIB). Es baja al compararla con economías desarrolladas, donde es cercana al 50%, pero es algo superior a la cifra en economías en desarrollo y emergentes, donde bordea el 37% (ver World Economic Outlook, abril 2017, Fondo Monetario Internacional). Dicho esto, hay ciertas tendencias interesantes, tanto en economías desarrolladas como en el resto del mundo.

Primero, en las economías desarrolladas la participación de las remuneraciones sobre el PIB ha ido cayendo desde 1980 en adelante, desde un 54% en 1970 al 50% actual. Esto significa que los salarios y el nivel de empleo (que determinan las remuneraciones totales) han ido creciendo más lento que el PIB. El correlato es que las rentas del capital han estado creciendo más rápido que el PIB, y como estas últimas muchas veces se concentran en personas de mayores ingresos, ha tendido a aumentar la desigualdad en esos países (ver capítulo 3 del estudio del FMI citado).

En Chile, la historia ha sido distinta. En 2006 la participación de las remuneraciones en el PIB bordeaba el 37%, lo que fue subiendo paulatinamente hasta llegar a un máximo de 43,7% en 2013, y desde esa fecha, ha declinado marginalmente hasta el 42% en 2016. ¿Qué explica el aumento de las remuneraciones en el PIB en los últimos años? Seguramente varias cosas. La primera que se viene a la cabeza es el alto crecimiento de nuestra economía entre 2010 y 2013, que fue de la mano de creación de empleo y aumento de salarios reales. Efectivamente puede haber sido uno de los detonantes, pero creo que la principal razón fue la corrección del precio del cobre en esos años.

El gráfico muestra la fuerte correlación negativa entre el precio del cobre (medido en dólares constantes de 2016) y la participación de las remuneraciones en el PIB. ¿A qué se debe esta correlación? En los años en que las remuneraciones como porcentaje del PIB fueron más bajas (2006 y 2007), fue justamente cuando la minería del cobre alcanzó a ser casi el 20% del PIB (explicado por el fuerte aumento del precio del cobre, así como por una mayor producción de cobre en esos años). Nuestra economía dependía muy intensamente de este sector. Con el tiempo, la exposición de la economía chilena al cobre ha disminuido (al disminuir la inversión en el sector) y en 2016, la minería del cobre representaba sólo algo más del 8% del PIB.

A lo que hemos estado asistiendo los últimos diez años es a un cambio importante en la composición del PIB, que ha dejado de ser tan dependiente del cobre y ha pasado a serlo mucho más de servicios. En 2006, las actividades de comercio, servicios financieros y servicios personales representaban cerca del 20%. Esta cifra en 2016 superaba el 38%. Este cambio en composición es lo que seguramente explica el aumento en la participación de las remuneraciones, porque la gran diferencia entre ambos sectores es que la minería es intensiva en el uso de capital (algo que también ocurre en otros sectores como electricidad, gas y agua), mientras que los servicios son intensivos en capital humano y empleo. En el sector servicios, la planilla de remuneraciones representa una mayor fracción de los costos totales y, por lo tanto, los trabajadores obtienen una mayor fracción del valor agregado en esa industria, mientras que en minería es al revés.

Difícil es que volvamos a ver en el corto plazo un rally de precio de commodities como el que empezó en 2003, y que llevó al precio del cobre a cerca de US$3 en 2006 (que corresponde a US$3,6 de 2016). Además, en la medida que Chile ha ido aumentando su capital humano es altamente posible que el sector servicios se siga expandiendo. Todo esto sugiere que las remuneraciones podrían seguir representando un 40% del PIB con cierta tendencia al alza, lo que podría ayudar a disminuir la rebelde desigualdad.

Sin embargo, no hay que perder de vista lo que ha pasado en economías desarrolladas, donde el cambio tecnológico ha pasado la cuenta a las remuneraciones al automatizar labores. En esos países, la globalización también ha disminuido la participación de las remuneraciones en el PIB debido a que muchas actividades intensivas en capital humano y empleo se han empezado a realizar en otros países.

Más que amenazas, esto debe servirnos para adelantarnos y aprovechar estos cambios, haciéndonos atractivos para que otros países realicen actividades de servicios intensivas en empleo y capital humano en nuestro país. Para esto, necesitamos mejorar nuestro capital humano y permitir seguramente algo más de flexibilidad en el mercado laboral para adecuarse a los cambios en el escenario externo. En esto último, estamos al debe.

Columna publicada en el diario Pulso.