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Columnas

14 Febrero 2018 | Carlos Williamson | Política

Derecha: ¿Compasiva y justa?

¿Existe una derecha compasiva, decimonónica, sensible a la pobreza y dispuesta a mitigar el dolor ajeno, pero refractaria a las desigualdades, aunque sean fuente de injusticias? Hay quienes piensan que sí. Hubo una derecha convencida de la existencia de un orden social incontrolable a la voluntad humana, que miraba con recelo la idea de igualdad, recurriendo a la tesis de que la naturaleza ha hecho distintos a los seres humanos y, en consecuencia, las desigualdades son naturales a nuestra esencia; forzar la igualdad arriesga la pérdida de la libertad y puede ser un camino de servidumbre. Lo genético y lo cultural serían decisivos en las desigualdades y entonces no intentemos cambiar un supuesto “orden natural”.

Pero ello no pasa de ser hoy una caricatura de una centroderecha moderna. Adam Smith, no creía en este fatal determinismo que pesaría sobre nuestras espaldas. En la “Riqueza de las Naciones” señalaba que, “las diferencias no surgen tanto de la naturaleza de los seres humanos como del hábito, la costumbre y la educación”. En ese contexto, la “nueva” derecha, sin complejos, no transa los principios de libertad y justicia, pero sí supera una visión asistencialista y fatalista sobre la pobreza y desigualdad. Reconoce con Rawls que el pilar central de la justicia es la equidad. En una sociedad no hay justicia si no hay equidad, en el sentido de alcanzar un conjunto de principios comunes a todos sus miembros y la elección de instituciones justas para garantizar una sociedad equitativa. Esto supone libertades básicas iguales, sin distinción, sin perjuicio de aceptar las diferencias sociales y económicas, siempre que ellas ocurran en condiciones de igualdad de oportunidades para todos y, desde luego, cautelando que los menos aventajados reciban siempre un trato preferencial sobre el resto.

Pero en ese mismo contexto a la nueva derecha se le pide algo más. Debe luchar por superar la lógica Estado y Mercado, monopolizando en sus campos propios las relaciones humanas, sin dejar espacios para que la sociedad civil pueda desplegar su manto solidario. El Papa Benedicto XVI lo dijo en Caritas in Veritatis: “el binomio exclusivo Mercado-Estado, corroe la sociabilidad”, mientras que una auténtica “economía solidaria”, cuyo mejor terreno es la sociedad civil, “crean sociabilidad”. “La victoria sobre el subdesarrollo requiere no solo mejorar la naturaleza de las transacciones en el mercado o de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión”.

La victoria por amplio margen de la centroderecha que lidera Piñera, abre una oportunidad única no solo para que el nuevo gobierno recoja las múltiples iniciativas de la sociedad civil para combatir la pobreza y la desigualdad. Es asimismo una oportunidad para que la clase empresarial, habitualmente ligada a la derecha, asuma un rol más activo no solo a formas de solidaridad externa bajo la llamada responsabilidad social empresarial, sino a desarrollar al interior de la empresa una ética “amiga de la persona” y de su dignidad.