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Columnas

Desarrollo por secretaría

Un porcentaje importante de quienes van al gimnasio tienen kilitos de más. ¿Aumenta el peso con la actividad física? Uno toma cerveza, vino o el licor favorito cuando está entre amigos. ¿Promueve el alcohol la amistad? Naciones comunistas tienden a tener dictadores. ¿Causa el comunismo dictaduras?

Qué ganas de que Chile se transforme en el primer país desarrollado de América Latina. Sería la culminación de décadas de esfuerzos. Estabilidad económica, instituciones a prueba de balas, el control de la violencia, igualdad de oportunidades, promoción del esfuerzo y consolidación del mérito… de solo pensarlo se ponen los pelos de punta. Y es que el país no está lejos. Los avances han sido inmensos. No es una locura pensar que dentro de algunas décadas, con nuevas reformas estructurales procrecimiento y productividad, el desarrollo sea alcanzable. Pero momento, ¿no habrá un atajo? Quizás nos podamos evitar el difícil camino. ¿Y si apuramos el tranco por ley? Exploremos la idea.

Partamos con algo que impacte. Dado que el desarrollo incrementa el bienestar de la población, lo primero sería mejorar las condiciones de vida de un paraguazo. ¿Mejor educación? Toma mucho tiempo, ya nos gastamos las lucas en gratuidad universitaria y más encima ahora los rectores están pidiendo más para quienes se atrasan. No, tiene que ser algo más inmediato y menos conflictivo. ¿Reducir la jornada laboral? ¡Genial!

La justificación de la idea es de una simpleza parlamentaria: Chile es de los países de la OCDE que reportan mayor número de horas trabajadas al año. Al mismo tiempo, es uno de los miembros con menor productividad. ¿Qué hacemos? Obvio, bajar las horas para aumentar la productividad. ¡Dos pájaros de un tiro! ¿Impacto sobre el empleo? Qué latero, eso se arregla en el camino. Echémosle para adelante y bajemos el valor por ley. ¿A cuánto?

Actualmente la jornada laboral en Chile es de 45 horas. ¿Menos de 40 horas como Holanda? No nos pasemos para la punta. De acuerdo a la OIT, Finlandia (US$ 48 mil de PIB per cápita), Suecia (US$ 53 mil), Noruega (US$ 65 mil), tienen jornadas de 40. Listo. La fijamos en ese valor y acercamos a Chile a esas ricas naciones. Que las brechas entre la OCDE y Polonia, República Checa y Croacia no se cerraron luego de fijar también la jornada en 40 horas no son un tema, total el país no tiene el pasado comunista de esas tres naciones. Que Francia la bajó a 35 en 1998 y que hoy, luego de múltiples ajustes, es casi letra muerta, tampoco es materia de preocupación. En una de esas, las posibilidades de automatización de empleos en el Chile actual son comparables con las galas dos décadas atrás. A “Liberté, égalité, fraternité” agreguemos “naïveté”.

Aplaudamos el deseo de acercar a Chile al desarrollo. Pero no seamos ingenuos ni burdos. Ir al gimnasio no nos hace más gordos, el alcohol no trae amistad (más allá que con la botella), como tampoco una jornada de 40 horas nos acercará al progreso nórdico. Correlación no es causalidad. El desarrollo no se alcanza por secretaría.

Columna publicada en El Mercurio