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Columnas

Einstein, el ahorro y la Reforma Tributaria

Albert Einstein dijo que “no hay nada más complejo que el impuesto a la renta”. La frase critica principalmente la complejidad y dolor de cabeza que pueden significar los sistemas tributarios. Sin embargo, algunos principios básicos no son difíciles de entender. El impuesto a la renta no diferencia entre dos usos de la renta, que tienen efectos sociales diferentes: el gasto de consumo y el ahorro que a su vez se gasta en bienes de inversión. De esta forma, el impuesto corporativo, aplicado a las utilidades de las empresas, que son los principales inversionistas de la economía, disminuye la rentabilidad de los proyectos de inversión. Cuando las economías están abiertas e integradas al mundo, los inversionistas -nacionales y extranjeros- pueden mover sus recursos buscando siempre un mayor retorno en otras legislaciones.

De esta forma, cuando la Reforma Tributaria de 2014-2016 elevó los impuestos, afectó negativamente la inversión. Al mismo tiempo la integración parcial aplicada a partir de este año perjudica también a los pequeños accionistas, de los cuales -al ser pequeños- nadie habla. Lo mismo ocurre con los empresarios pyme que usen este sistema o eligieron el sistema equivocado (la ley los obliga a permanecer dos años en ese régimen). Todos ellos son castigados con la integración parcial que les restringe un 35% del crédito ¡incluso si pertenecen al tramo de ingresos exento de impuestos!

Esta nueva asimetría entre las rentas del capital y del trabajo no sólo perjudicará el emprendimiento y la inversión, sino que también vuelve más remota la posibilidad de que todos los chilenos participen en el mercado de capitales. Existe una injusticia similar para los pensionados, pues la ley tributaria deniega a los afiliados que son dueños de los fondos recuperar el crédito tributario (actualmente 65%) que les corresponde por los dividendos recibidos de las empresas nacionales. Nadie se ha hecho cargo de eliminar esta asimetría, pese a que fue recomendado por el consejo asesor presidencial convocado por la Presidenta Bachelet en 2006 y dirigido por el actual presidente del Banco Central, Mario Marcel.

Nuestro actual nivel de impuesto corporativo de 27% es más alto que el promedio de los países de la OCDE (actualmente 24%). Uno de los principales argumentos para oponerse a cambios en esta variable sería el de la equidad. ¿Se puede lograr este objetivo si estos tributos son menores? La respuesta es que sí, un ejemplo son los países nórdicos -campeones de la igualdad- que poseen menores impuestos corporativos que nuestro país: Finlandia e Islandia, 20%; Dinamarca y Suecia, 22%; y Noruega, 24%, pero tienen mayores impuestos personales.

El escenario tributario no sólo tiene asimetrías que deben ser solucionadas, sino también efectos negativos sobre la inversión y el ahorro. Cualquier cambio propuesto debe apuntar a solucionar estos problemas y simplificar el sistema para que no tengamos que ser tan brillantes como Einstein para entender la ley tributaria.

Columna publicada en el diario Pulso.