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Columnas

Cómo enfrentar el alto flujo vehicular en carreteras

Imágenes de vías saturadas y automovilistas desesperados por largos “tacos” fueron como un balde de agua fría para quienes retornaban tras su descanso del largo fin de semana.

Este “colapso histórico” del domingo 1 de abril en los accesos a la Región Metropolitana, fue una “tormenta perfecta”, donde confluyó el aumento significativo del flujo vehicular en horas determinadas y la reducida capacidad en algunos tramos de las carreteras (peajes incluidos), provocando la gran congestión.

Solucionar este problema en el corto, mediano y largo plazo no solo representa un desafío público-privado decisivo en cuanto a la inversión que se requiere, sino también en cuanto a una buena gestión que permita utilizar de manera eficiente la infraestructura disponible.

Entre las medidas urgentes que requieren los usuarios en el corto plazo -considerando el próximo fin de semana largo del 21 de mayo- está el levantamiento de información de todos los puntos críticos que hoy dificultan los desplazamientos vehiculares. Esto es, identificar aquellas áreas en que la infraestructura ve disminuida su capacidad, con el propósito de ampliarla temporal o definitivamente.

Dar continuidad a la capacidad de todos los elementos que forman las carreteras es clave para evitar colapsos viales. Un caso práctico de observar es lo que ocurre en la Ruta 68 a la altura del puente que cruza el río Mapocho. Mientras el río que cruza la carretera cuenta con una capacidad hidráulica importante en caso de crecidas, la capacidad de transporte vehicular de esta vía se ve disminuida en este segmento. Los conductores se ven obligados a disminuir su velocidad en esta zona cuando aumenta el volumen de vehículos, ya que este segmento es más angosto que el resto de la carretera. Aumentar la capacidad de esta área reduciría la congestión.

Otro ejemplo de continuidad de las vías es dotar a las plazas de peajes de una tasa de atención (vehículos por hora) igual o mayor que la capacidad de la propia vía. Una forma de hacerlo es que los vehículos paguen su tarifa con mecanismos más automatizados, como ocurre con el TAG.

En paralelo, es importante seguir trabajando en la gestión de las horas punta, con oportuna información a los usuarios y gestión de pistas, mejorando la implementación de las variaciones temporales de pistas, como los 3×1, haciéndolos terminar en lugares que tengan mayor capacidad para recibir esa reducción de pista, por ejemplo, cerca de una salida que permita absorber ese flujo.

Una mirada de mediano plazo podría ser la implementación de aumentos de capacidad pasando de dos a tres pistas. Asimismo, se podrían implementar mejoras en vías alternativas. A largo plazo, es necesario estudiar otros medios de transporte, como los trenes entre puntos de alta demanda, que permitan transportar a las personas no solo en fines de semana especiales, sino que durante todo el año.

La mesa de trabajo convocada por el MOP es una señal alentadora, porque ofrece la oportunidad de revisar junto a las concesionarias, Vialidad, Transportes y Carabineros la operación de las medidas de contingencia adoptadas para los fines de semana largos y proponer los cambios que sean necesarios”.

Columna publicada en La Tercera – Pulso.