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Columnas

¿Cómo enmendar la trayectoria fiscal?

La discusión del Presupuesto para 2018 ha permitido relevar la situación de las finanzas públicas. Llevamos varios años de déficits y la deuda bruta ha aumentado en los últimos años. Por el momento, este nivel de deuda es moderado cuando se hacen comparaciones a nivel internacional; sin embargo, preocupa que la deuda bruta haya aumentado tan rápido, pasando desde 12,7% del PIB en 2013 a 23,8% en junio de 2017.

¿Cómo corregir esta trayectoria? Eliminando o reduciendo el déficit fiscal. Realizar una reducción drástica del déficit es complicado debido a que, para los próximos años, hay muchos gastos ya comprometidos que aventuran la continuidad del déficit. Además, tenemos que darnos cuenta de que nuestra sociedad cada vez demanda más servicios públicos en salud, educación y pensiones, lo que traerá mayores presiones que dificultarán aún más la disminución del déficit.

Corregir el déficit se puede lograr de dos formas: una alternativa sería aumentar impuestos y la otra, reducir gastos. Ambas son decisiones difíciles. En el caso de los impuestos, hay que ser muy cuidadosos. A la luz de los efectos de la Reforma Tributaria de 2014, podríamos afectar el dinamismo de nuestra economía. Posiblemente el camino a seguir sea enfocarse en reformas sobre el gasto público que permitan controlar el déficit fiscal.

No somos el primer país que atraviesa por este tipo de problemas. De hecho, varios países con posterioridad a la crisis internacional de 2009 se encontraron con una situación de déficit fiscal importante y tuvieron que revisar su patrón de gastos públicos para realizar el ajuste. El caso más emblemático es Grecia, que necesitó un intenso recorte de gasto. Sin embargo, Chile está lejos de esta situación y más bien sólo necesitamos un ajuste parcial para no ahondar en futuros problemas.

El departamento de “fiscal affairs” del Fondo Monetario Internacional nos da ciertas luces de qué cosas hacer (Fiscal Monitor, 2014). Sus conclusiones son básicamente las siguientes. En primer lugar, no se recomienda hacer recortes uniformes de un x% o y% sobre todas las partidas presupuestarias porque esta estrategia puede afectar gastos públicos que son eficientes y de alto impacto.

En segundo lugar, el FMI además destaca la revisión puntual de los programas públicos con el fin de mejorar la eficiencia de estos y descartar o reformular aquellos que no exhiben los resultados deseados. En Chile, según los datos del Banco Integrado de Programas Sociales existen 316 programas y 128 iniciativas sociales, las que sumaron en 2017 un presupuesto cercano a los US$28 mil millones. Varias de estas iniciativas han tenido evaluaciones deficientes, pero no han sido descartadas o reemplazadas.

En tercer lugar, el FMI enfatiza el manejo prudente de los sueldos y empleo en el sector público. Hay evidencia, en varios países, de que los salarios públicos son superiores a los salarios en el sector privado -ajustando por la calidad del capital humano-.

Además, a veces se realizan similares trabajos en el sector público, pero los salarios son distintos en las diferentes reparticiones. Mucho de esto ocurre en el caso de Chile.

Un manejo adecuado de recursos humanos puede disminuir la presión salarial en el sector público e, incluso, aumentar el potencial de crecimiento de la economía, en la medida que tengamos un sistema de incentivos (remuneraciones) que apunte en esa dirección. En materia de gasto público, hay mucho por hacer.

Columna publicada en el diario Pulso.