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Columnas

08 Marzo 2018 | Arturo Cifuentes | Otros

Hot Tubbing o el Cónclave de Expertos

El sistema judicial australiano contempla una instancia bastante novedosa y que debo admitir no conocía: la conferencia de expertos. Acabo de participar en una y la experiencia fue bastante interesante.

El asunto en cuestión se refería a una disputa entre dos partes en torno a un tema de finanzas. Ambas partes, como es habitual, presentaron informes preparados por distintos profesionales avalando sus respectivas posturas. Y como no se llegó a un acuerdo, el juez invocó su derecho a pedir que se celebrara la conferencia de expertos, antes del juicio mismo.

La conferencia de expertos tiene unas reglas bastante específicas, dictadas por la Corte Federal de Australia. La idea es que los expertos de ambas partes se reúnan para identificar los puntos en los cuales están de acuerdo y en desacuerdo. Es decir, la discusión se centra en temas técnicos (en este caso eran financieros), y los abogados involucrados no participan. Mas aun, existe una prohibición expresa de tener contacto con los abogados de las partes en conflicto durante este proceso. El producto final debe ser un informe “clear, plain and concise.” Esto es, un informe escrito en un inglés claro, preciso, y sin eufemismos ni frases eternas con cláusulas y sub-cláusulas. Los párrafos lateros y las frases llenas de adjetivos y adverbios tampoco son bienvenidos. En síntesis, lo contrario al lenguaje habitual de un documento chileno típico. La corte nos dio diez días para deliberar.

Admito que antes de empezar este ejercicio tenía grandes dudas con respecto a su efectividad. La idea de que seis personas—todos con opiniones fuertes y divergentes y posiblemente con algo de ego—pudieran converger a algo sustancial me parecía ilusa.

El primer día terminó con una planilla Excel identificando 123 puntos a discutir y dividiéndolos en seis grandes temas (cada experto propuso veinte más o menos). Algunos temas eran de carácter cualitativo. Otros, más cuantitativos, se describían con letras griegas, ecuaciones, y el tipo de símbolos que los ingenieros y matemáticos usan para intimidar a los historiadores, críticos de arte, y expertos en marketing. Tomó cuatro días intensos revisar los 123 temas. Algunos se despacharon en 2 minutos, otros, no fueron tan rápidos; el más complicado tomó casi tres horas.

Pero lo cierto fue que me equivoqué: al final de la semana terminamos seleccionando 49 puntos importantes. En 41 hubo un acuerdo total, y en 8 un acuerdo parcial (un disidente). El informe final, (ocho páginas tamaño carta y a doble espacio), se limitó a listar los 49 puntos en un lenguaje claro y sin recurrir a fórmulas matemáticas. En los puntos en que hubo una voz discrepante, el disidente expresó sus razones en menos de 50 palabras.

Este sistema, conocido en inglés como “hot tubbing,” fue un invento australiano que partió en 1985 y se ha ido validando y perfeccionando con el tiempo. En Gran Bretaña ya ha ganado varios adeptos. Y en EE.UU., se ocupó por primera vez el año 2016 en Ohio, en un caso bastante complejo relacionado con los daños provocados por el malfuncionamiento de un producto. En Australia se ha usado en casos muy variados, desde disputas relacionadas con temas de ingeniería naval y patentes farmacéuticas, hasta asuntos de metalurgia y el tratamiento de los elefantes en un zoológico, pasando, por supuesto, por muchos temas financieros complicados.

En el fondo, detrás este mecanismo -que también se conoce en los países con derecho consuetudinario (common law), como “concurrent evidence”- hay un hecho claro: interrogar en forma secuencial a un grupo de expertos, con el propósito de confundirlos, hacerlos que se desdigan, o caigan en contradicciones, usando preguntas capciosas, irrelevantes, y casi siempre malintencionadas, no es el mejor método para identificar los puntos clave en una discusión compleja. Y peor todavía si el objetivo es–como debería ser siempre–identificar los temas en que los expertos están de acuerdo y aquellos en que están en desacuerdo.

Por último, estará Chile preparado para adoptar el “hot tubbing”? Me imagino que habrá que preguntarle a una conferencia de expertos.

Columna publicada en El Mercurio.