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Columnas

Impuestos corporativos: la discusión en Latinoamérica

La literatura empírica reconoce al gravamen sobre las ganancias de las firmas como un factor que afecta negativamente a la inversión. Esto, debido a que aumenta el costo de uso del capital; es decir, aumenta la rentabilidad mínima exigida por los accionistas para que la inversión pueda llevarse a cabo. Asimismo, reduce la disponibilidad de recursos de las empresas para que estas puedan financiar su inversión, cuando no cuentan con acceso al crédito.

Lo anterior implica que un aumento del impuesto corporativo puede afectar negativamente a la inversión privada de la economía, mientras que una disminución puede actuar como un estímulo positivo para la misma. Esto es particularmente cierto en un contexto de movilidad de capitales donde hay un amplio abanico de destinos para la inversión, factor que ha presionado a los países para que reduzcan su tasa corporativa.

Desde el trabajo de Jorgenson (1963), los estudios sobre tasa corporativa han mostrado que un incremento de la tasa corporativa disminuye el stock de capital deseado por las empresas. Asimismo, los trabajos sobre competencia tributaria, tal como el de Devereux et al (2008), demuestran que las firmas eligen los destinos con impuestos más bajos para desarrollar sus actividades.

Por estas razones, es que se observa desde hace décadas, una tendencia decreciente de la tasa corporativa a nivel mundial. En Latinoamérica, Chile fue un caso emblemático: redujo su tasa corporativa desde 35% en 1974 hasta 10% en 1988. Asimismo, Colombia a comienzos de los años 80 tenía una tasa corporativa del 40%, la que se redujo con el correr de los años hasta alcanzar en 2013 un valor de 25%. Otras economías de la región siguieron el mismo camino, tal es el caso de Perú que tenía una tasa del 57% en 1983 y hoy tiene una de 30%.

Pese a que estos recortes se volvieron frecuentes en la región, en los años recientes algunos países llevaron a cabo aumentos de dicho impuesto. Ecuador subió su tasa desde el 22% al 25% en 2017 y Colombia hizo lo propio al aumentarla hasta el 34% en 2017 con una posterior reducción al 33% en 2018. Chile tampoco fue ajeno a estos incrementos: desde el 10% en 1988, aumentó progresivamente su tasa hasta el 26% (promedio) actual.

Las nuevas autoridades políticas en algunos países están considerando la conveniencia de realizar nuevas modificaciones al impuesto. Tal es el caso de Colombia en donde, a semanas de la segunda vuelta presidencial, uno de los candidatos lleva como propuesta la reducción del mismo. Asimismo, en Chile el gobierno no descarta que el proyecto tributario a presentar este año incluya rebajas a la tasa corporativa. Ambos países tienen algo en común: buscan estimular la economía luego de años de bajo crecimiento. Por lo tanto, los debates en torno al gravamen corporativo pueden marcar un hito en el crecimiento: un alivio en la carga tributaria de las firmas puede recompensar a la economía con más inversión, trabajo y crecimiento.

Columna publicada en La Tercera/Pulso.