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Columnas

Inglés: soñemos un Chile bilingüe

Un estudio de Educatíon First es lapidario: el nivel de Inglés de los chilenos es bajo. Si bien Chile supera a Turquía e Irak, está en la segunda mitad del ranking, después de República Dominicana y Vietnam. Con estos antecedentes, transformar a Chile en un centro financiero importante, una aspiración de todos los últimos gobiernos, parece iluso.

En la India solo un 10% de la población habla Inglés. Pero esto equivale a 140 millones de personas–el doble de la población de Inglaterra. Holanda tiene 17 millones de habitantes-pero el porcentaje de la población que es bilingüe bordea el 90%. La mayoría de las universidades enseñan en Inglés, el gobierno permite hacer muchos trámites en Inglés, y el país consta con una corte para resolver disputas comerciales que funciona en Inglés. En síntesis, ambos países- por distintos motivos-están habilitados para ser actores relevantes en un mundo global.

En este contexto-dado que los idiomas son dinámicos y el significado de las palabras evoluciona-es importante reflexionar sobre el significado de la palabra “bilingüe.” En estricto rigor, el término se refiere a alguien que maneja dos idiomas. En la práctica, su significado ha ido evolucionando y hoy el término se aplica a alguien que habla Inglés y otro idioma.

Lamentablemente, ninguna reforma educacional chilena ha propuesto una educación bilingüe como objetivo. La excusa de que Chile no tiene suficientes profesores de Inglés, ya no es válida: Internet puede llenar fácilmente este vacío. Lo concreto es que un sistema educacional que no enseña Ingles, produce ciudadanos analfabetos en un contexto global.

Visto lo expuesto, es lamentable que los jóvenes chilenos parezcan más preocupados de decidir si es mejor decir “ellos y ellas” o “elles” en vez de exigir (la próxima vez que salgan a la calle) una educación bilingüe.

Hace algunos años Nicanor Parra dijo: “Sí, yo hablo Inglés, el problema es que no tengo nada que decir.” Habría que modificar este artefacto para reflejar la realidad actual: muy pronto el que no hable Inglés, no tendrá nada que decir.

¿Copiaremos bien el modelo holandés? ¿Ofreceremos luego a nuestros jóvenes una educación bilingüe que les permita ser actores globales relevantes? Mi temor es que terminemos haciendo una reforma a medias que solo permita hacer declaraciones juradas en Inglés (creando de paso un nuevo bicho: el notario bilingüe).

Columna publicada en Pulso