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Columnas

14 Octubre 2018 | Sergio Urzúa | Educación

Jaula segura

Tiempo atrás, un matrimonio amigo nos invitó a comer a su departamento en Santiago centro. Con un hijo pequeño, volvían a Chile luego de años en el extranjero. “¿En qué colegio lo matricularán?”, preguntamos. “El municipal de aquí cerca”, contestó el papá. Lo miré con sorpresa. “¿Y el desempeño académico?”, repliqué. “Malito, pero con padres preocupados compensamos”, dijo la mamá, agregando: “Buscamos diversidad”. Arriesgada noble apuesta.

En materia de disciplina escolar, el Estado se ha hecho el leso y las familias lo saben hace rato. Ya en 2006 la encuesta CEP preguntaba si se estaba de acuerdo con la frase “no hay disciplina ni orden en las escuelas, liceos y colegios del país”. Un 71,8% de los entrevistados asintió. ¿Fenómeno global? Puede ser, pero en Chile la situación es mala. El 2015, la OCDE ubicó al país entre los 15 con peor conducta dentro de la sala. Las recientes imágenes de criminales bestiales de algunos escolares deberían empeorar el ranking .

La situación es alarmante tanto por su naturaleza como por sus consecuencias. El análisis de las pruebas PISA muestra que el ambiente disciplinario está asociado a los logros académicos en todo el mundo, cosa que también confirman los datos nacionales. Por ejemplo, Simce 2011 preguntó a profesores de 4° básico: “¿Le resulta difícil hacer clases por desorden o indisciplina?”. Entre los maestros de colegios de bajo rendimiento (mayoría públicos), un 47% declaró que era un problema usual, el doble de lo señalado por docentes de colegios de buen rendimiento (todos privados). ¡Esto en cuarto básico!

¿Quienes perciben los mayores niveles de violencia? Un estudio de Cepal y Unicef de 2017 concluye que los estudiantes que asisten a colegios públicos. El libro “Educación con Patines” (Fontaine y Urzúa, 2018) complementa tal evidencia, concluyendo que la violencia en el aula requiere una atención primaria, particularmente en los colegios del Estado.

Y volviendo a las familias, ¿cómo han respondido estas a la compleja realidad? Eligiendo con los pies. Basta ver el éxodo desde el sector público hacia el subvencionado del último tiempo. Y a esto hay que agregar un fenómeno más reciente: la expansión de la educación privada que no recibe subsidios del Estado. Desde la promulgación de la Ley 20.845 (2015), que, entre otras cosas, hizo virtualmente imposible la expulsión de alumnos, la matrícula en colegios particulares pagados ha aumentado un 10%. Paradójico, la Ley de Inclusión estaría fomentando la segregación. ¿Tendrá la búsqueda de disciplina escolar que ver con la tendencia?

Hace poco me topé con mis amigos. Les consulté sobre su hijo. Quería saber de la experiencia. El niño terminó matriculado en uno de los colegios más caros de Santiago. Una “burbuja aislada y exclusiva”, en palabras del papá. Final triste, pero esperado. La realidad les ganó. Frente a aulas públicas desprotegidas, no les quedó otra que aislar al niño en la jaula más segura.

Columna publicada en El Mercurio.