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Columnas

18 Diciembre 2018 | Luis Felipe Lagos | Crecimiento

Las veleidosas expectativas

A mitad de año se instaló la idea de que la economía estaba perdiendo dinamismo; el repunte tenía menos intensidad respecto de lo que se esperaba, señalaban algunos empresarios y analistas.

Este estado de ánimo ha llevado a una menor confianza, con índices que reflejan algún grado de pesimismo, tanto para los consumidores como empresas. Es difícil explicar estas expectativas alicaídas en una economía que crecerá en torno a 4% este año, comparado con un paupérrimo 1,5% en 2017; una inversión que repunta con un crecimiento estimado de 5,5% para 2018 y 6% para 2019, después de una inédita caída por cuatro años consecutivos.

En el corto plazo, la dinámica de las expectativas puede estar muy influida por el desempeño de la actividad el tercer trimestre, que marcó un magro crecimiento de 2,8%. Esta desaceleración es aún más evidente si observamos la serie del PIB desestacionalizada y corregida por días hábiles. En el primer trimestre, el crecimiento respecto al trimestre anterior anualizado alcanzó un 4,9%; en el tercero, se reduce a 1,2%. No obstante, el análisis del Ipom de diciembre sugiere que la desaceleración sería puntual, debido a que los días feriados a mitad de semana de septiembre llevaron a menores horas trabajadas durante la semana del Dieciocho, lo que no es corregido por la desestacionalización. El mayor Imacec de octubre —4,2% y 3,1% desestacionalizado— apoyaría esta hipótesis.

Una tasa de desempleo que se mantiene en torno a 7% también puede explicar el pesimismo relativo, aun cuando está en el promedio de los últimos 10 años. Con todo, la creación de empleo es el indicador apropiado para evaluar el dinamismo del mercado laboral; la tasa de desempleo puede llevar a confusión, dado que está determinada por la demanda por empleo, pero también por la decisión de buscar trabajo (oferta). La incoherencia entre el dinámico crecimiento y baja creación de empleo, según la serie del INE, pudo haber contribuido a la caída de las expectativas.

El ejercicio de simulación que hace el Banco Central sobre el efecto de los inmigrantes es pertinente, ya que al reportar crecimiento del empleo entre 2,4% y 3,3%, contribuye a aclarar el puzle sobre el dinamismo del empleo. Despejados los factores locales, la menor confianza también responde al escenario externo mucho más volátil debido a la guerra comercial, el complejo Brexit, la desaceleración en China y los problemas fiscales en Italia.

Las expectativas no sólo reflejan lo inmediato, sino también lo que se anticipe para el mediano plazo. En este aspecto, las reformas estructurales en el Congreso (tributaria y pensiones) y la laboral, por enviarse, son clave para el crecimiento de tendencia. En la medida que se anticipe una larga discusión de ellas y baja probabilidad de aprobación parlamentaria, se mantendría la caída en las expectativas.

Recuperar una sólida confianza está en manos del Congreso, contribuyendo a diseñar y aprobar las reformas estructurales que potencien el crecimiento de tendencia.

Columna publicada en el Diario Financiero.