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Columnas

Modernización de la Gestión Pública

¿Cómo explicar que todos los servicios públicos fueran recientemente calificados con nota máxima-100% del premio- por el Programa de Mejoramiento de la Gestión (PMG), habiendo objetivas fallas de gestión? Lo ocurrido en el Sename ¿no es sintomático de que algo no caminó en el control y monitoreo de este servicio, en especial, de lo más esencial que era servir con extrema responsabilidad en un área socialmente tan delicada?

Esta fractura entre diseño de las políticas, por un lado, su ejecución, evaluación y el control de la gestión interna de los servicios, por el otro, explica buena parte de la negativa percepción ciudadana sobre el Estado chileno.
Los gobiernos reciben un mandato de la ciudadanía y tienen la necesidad de traducir sus planes y propuestas de políticas públicas en acciones concretas por medio de una coordinación estratégica y operativa eficaz, en apenas cuatro años. En las últimas décadas, se ha intentado, sin mucho éxito, crear un sistema de gobierno flexible, que se articula mediante directrices claras que provienen de una cabeza en la cadena jerárquica, pero a la vez descentralizado y conectado “hacia abajo” a fin de que los agentes públicos cumplan dichas orientaciones con razonables grados de libertad y, al mismo tiempo, con lealtad, eficiencia y probidad.

Desde luego, no es claro que tengamos “un centro de gobierno” definido y consolidado, que colabore eficazmente con el Presidente de la República en el diseño de la políticas y que actúe con claridad y fluidez para encargar a los servicios la función ejecutiva. Una de las mayores limitantes que impide materializar una real coordinación estratégica, es la ausencia de subsecretarios motivados para conocer, orientar y fiscalizar la labor de los servicios a su cargo, como por lo demás lo obliga la ley. Ello se agrava por la tendencia de nombrar subsecretarios de una corriente partidaria diferente a la del Ministro, cuyas agendas políticas propias distraen su atención y lo alejan de la administración de los servicios.

Un paso importante para modernizar la gestión pública es crear la figura de subsecretarios de gestión, con afinidad política del gobierno de turno, pero seleccionados por la ADP y con un equipo asesor que lo apoya. Esto no impide mantener la figura de un subrogante del Ministro, una suerte de Vice Ministro que mantiene una función política. Así, la subsecretaría de gestión sería una contraparte de la Dipres en programas presupuestarios específicos para cada servicio, así como en la elaboración de los informes de productividad de los proyectos de ley y en la negociación de los compromisos de gestión, como los PMG. Asimismo, la subsecretaría sería contraparte del Servicio Civil en materia de gestión de las personas; este último, con atribuciones para dictar políticas relativas al ciclo laboral: ingreso, promoción, capacitación, evaluación del desempeño individual y retiro, dónde hay esquemas anticuados y queda mucho por hacer.

El futuro gobierno no puede seguir postergando una real modernización del aparato público si de veras queremos dar un salto en materia de eficiencia y efectividad. Un paso que falta es que los ministerios hagan “la pega” no solo en el plano político, sino también de gestión, responsabilizándose del control y evaluación de sus servicios, en coordinación con la Segpres, Dipres y el Servicio Civil.

Columna publicada en La Segunda.