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Columnas

20 Febrero 2015 | Sergio Urzúa |

"Pasteles": ¿nacen o se hacen?

No hay texto que ilustre lo difícil que es ser padre o madre. Nadie nace sabiendo serlo. Por eso, todos somos el resultado de un proceso plagado de pruebas y errores, el mismo que explica la culpa parental ante el más mínimo “pastelazo” filial. Y ante tanto “pastel” dando vuelta, cabe preguntarse: ¿nacen o se hacen?

Hace casi cinco décadas, la sicóloga evolutiva Diana Baumrind identificó dos dimensiones clave para entender cómo los humanos criamos a nuestros hijos: la exigencia y la sensibilidad de los padres ante la misma. Su contribución inició un largo debate científico en torno a la posibilidad de identificar estilos de crianza en nuestra especie. En líneas generales, la literatura ha señalado cuatro tipos: autoritario (padres exigentes y poco receptivos), autoritativo (padres demandantes y compasivos), permisivo (padres indulgentes y sensibles) y negligente (vivir y dejar vivir).

¿Cuál es el mejor?, se preguntará usted. Tal como no hay padres ni niños perfectos, tampoco existe un estilo de crianza ideal. Sin embargo, existe consenso en que el modelo negligente, popular entre muchas familias chilenas, no es recomendable, pues es muy proclive a producir “pasteles”.

¿Y entre las opciones restantes? En un reciente estudio, Doepke y Zilibotti plantean que los padres eligen el estilo óptimo en función de sus preferencias, información e incentivos. De este modo, explican los autores, conscientes o no, los seres humanos optamos entre las distintas prácticas de crianza en forma racional, sopesando los respectivos costos de inversión, retornos esperados y dotaciones de altruismo y paternalismo. Esto explicaría, por ejemplo, por qué padres con preferencias por el “trabajo duro” tienden a invertir en estilos más intensos y onerosos (autoritario y autoritativo), alejándose de la pasividad y comodidad del permisivismo.

La misma lógica permite evaluar la conveniencia del estilo autoritario vis-à-vis autoritativo. El primero busca imponer comportamientos específicos en los niños sobre la base de estrictas reglas y premios a la obediencia. El segundo, si bien no sacrifica disciplina, apuesta por la entrega de valores y preferencias, de modo que, llegado el momento, los niños tomen decisiones “correctas” por su cuenta. Por cierto, el estilo autoritativo no es sencillo, requiere gran inversión, pero emerge como el más eficaz al momento de prevenir “pasteles”, sobre todo en sociedades en donde el monitoreo es complejo y la independencia valorada.

Entonces, vuelvo a mi pregunta original: un “pastel”, ¿nace o se hace? No creo en un genotipo que explique su existencia. Me inclino más por la hipótesis de que su génesis se encuentra en su entorno, quizás gatillada por malas prácticas de crianza. Por eso, si bien todo adulto es responsable de sus actos, los progenitores no pueden olvidar que también hornearon el “pastelito”.

http://www.elmercurio.com/blogs/2015/02/15/29407/Pasteles-nacen-o-se-hacen.aspx