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Columnas

04 Septiembre 2017 | Salvador Valdés | Pensiones

Pensiones: Nuevos problemas del proyecto

La Nueva Mayoría propone crear una cotización de 3% que iría a una nueva cuenta que dice ser “personal”. Sin embargo, su texto elude imponer el requisito base de toda cuenta personal, que es que el valor de la cuota se determine sobre la base del valor económico o el de mercado de las inversiones (comparar el art. 35 DL 3.500 con art. 192). El texto deja la tasa de interés acreditada a las cuentas personales al arbitrio del Consejo de Ahorro Colectivo.

En mi opinión, el proyecto busca permitir a este construir una reserva de fluctuación acumulando la diferencia entre la rentabilidad de las inversiones y la rentabilidad que decida acreditar a las cuentas personales. El afiliado no posee derechos sobre esa reserva de fluctuación. Una AFP no puede hacer esto. El proyecto ni siquiera obliga al Consejo a justificar su política de acreditación de intereses de modo público, a las autoridades ni a los afiliados.

Digámoslo claro: el trabajador no tiene defensa frente a un Consejo que decida acreditar una rentabilidad nominal de cero a la cuenta personal, pues es un monopolio. En períodos largos, sujetos a vaivenes políticos como los que conoce Chile y sus vecinos, este riesgo es alto. ¿Tiene el trabajador chileno confianza en las instituciones como para creer en ese Consejo designado por políticos?. ¿Creerá en una administración benevolente de esa reserva, que genere un “seguro” entre generaciones, o temerá abusos del Consejo? Seamos realistas: somos chilenos y no suizos.

De otro lado, el proyecto propone subir las pensiones autofinanciadas en 20% de inmediato a pensionados y también a grupos más jóvenes a quienes les falte enterar menos que 27-30 años de una carrera normal de cotizaciones. Sin embargo, este subsidio es “con elástico” para los mayores de 38 años (aproximado). En efecto, la ley permite al Fondo de Ahorro Colectivo reducir el subsidio que otorga para elevar la pensión en 20%, en el 100% del saldo acumulado con la cotización de 3% a la cuenta personal. Es decir, esos afiliados, que ya tienen ganado un subsidio de 20%, pierden toda su cotización de 3% a la cuenta personal, en el margen.

Para ilustrar, supongamos que el Fondo de Ahorro Personal se gestiona mal y acredita a las cuentas personales una rentabilidad nominal cero por muchos años. Eso reduce el saldo del ahorro personal al momento de pensionar. Sin embargo, eso no perjudica al afiliado, porque ya tiene ganado el subsidio de 20%. Como los grupos de edad que más votan no son dañados en nada por una mala gestión financiera del Fondo Personal, el proyecto aumenta la tentación de gestionarlos con fines diferentes de maximizar la pensión y su seguridad.

Combinando los dos elementos anteriores, para aquellos que tenemos 38 años y más, todo el 5% de cotización será un impuesto puro en el margen. No es solo el 2%, sino el 5%. Si usted elige un empleo sin seguridad social, por cuenta propia, eludirá este incremento de 5 puntos en los impuestos. Así, muchas más personas preferirán empleos menos productivos, por cuenta propia, pero libres de estas cotizaciones “con elástico”, que no mejoran su pensión total. Caerán los empleos de calidad y aumentarán los empleos sin seguridad social en el rango alto de las estimaciones. Y nada de esto está en el Informe de Productividad.

Sumando la reducción de salarios líquidos que se viene, los de 38 años y más quedan castigados. Esto es grave, porque la proporción de trabajadores de esas edades que está angustiada por su futura vejez es muy alta, la mayor entre todos los grupos de edad. Todavía es tiempo de rediseñar el ahorro colectivo. Por ejemplo, redestinar esa cotización a un nuevo seguro social de dependencia severa en la cuarta edad, que daría una subvención de invalidez sustancial.

Columna publicada en El Mercurio.