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Columnas

Posverdad económica

El ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, ha afirmado que la economía está dando un mentís a las posverdades que se han tratado de instalar respecto de que el frenazo económico chileno tiene mucho que ver con las reformas. Por el contrario, él estima que nuestra economía es una mera víctima del ciclo de los commodities . Esta afirmación puede explicarse por un entusiasmo electoral mezclado con el conocido buen humor del ministro, porque la evidencia y lo que nos enseña la economía muestran lo contrario.

En primer lugar, ¿qué explica que Chile haya crecido en 2014-2017 a la mitad del mundo (1,8% versus 3,5%)? Y nótese que la comparación es con la economía mundial, porque si se hiciera con los países en desarrollo, la foto sería mucho más desfavorable para nuestro país (1,8% versus 4,5%). En contraste, durante 2010-2013 Chile creció un 30% más que el mundo.

En segundo lugar, sacar conclusiones de un Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) puntual es demasiado aventurado. La verdad es que Chile crecerá apenas 1,4% en 2017, a la cola de los países de la Alianza del Pacífico y en la decimoquinta posición de nuestra región latinoamericana, que otrora lideráramos en crecimiento.

Estamos concluyendo, en verdad, un período para el olvido en materia económica. La inversión habrá caído en 2017 por cuatro años consecutivos, el peor desempeño de nuestro país en al menos medio siglo, y esto sin mediar recesión externa alguna. Otro tanto puede decirse de la productividad, que muy probablemente completará en 2017 su cuarto año consecutivo de caída. La creación de empleo ha caído a menos de la mitad y está concentrada en trabajos por cuenta propia (gran parte en la calle) y empleos públicos, mientras se destruyen empleos asalariados privados que cuentan con contrato y seguridad social. Y podríamos seguir.

En tercer lugar, pretender que el destino de un país está ligado meramente al ciclo externo es un error conceptual de proporciones. Toda la evidencia indica que las políticas públicas de calidad y las buenas instituciones son la base fundamental del éxito económico de los países. Por supuesto, los vientos de la economía internacional influyen, pero importa más la calidad de la conducción económica y política que se haga dentro del país.

El frenazo económico de Chile durante los últimos cuatro años se debe en lo fundamental -aunque no únicamente- a la mala calidad de las reformas y al ambiente de incertidumbre y desconfianza creado. Sin ir más lejos, el propio Fondo Monetario Internacional -donde el ministro trabajó por varios años- concluye que para un país como Chile, la desaceleración atribuible al fin del superciclo de los commodities es del orden de un punto porcentual anual. Y como el crecimiento efectivo ha caído de 5,3% promedio en el período 2010-13 al paupérrimo 1,8% proyectado en 2014-17, hay del orden de 2,5 puntos anuales que son “made in Chile”. Es la diferencia entre una desaceleración, que habría ocurrido de todas maneras, y un frenazo de proporciones, que no tenía por qué ocurrir.

El análisis frío de la evidencia indica que la afirmación del ministro no solo es prematura, sino también equivocada. Quienes intentaron instalar una posverdad son los que dijeron que las reformas no afectarían el crecimiento, ni la inversión, ni el empleo, ni a la clase media, ni a las pymes. O aquellos que solían ver espejismos de brotes verdes. Pero los chilenos ya se dieron cuenta del engaño.

Columna publicada en El Mercurio.