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Columnas

Productividad: tema pendiente

Con el comienzo de 2015, ya hemos conocido una buena cantidad de datos acerca de cómo cerró el año 2014. La economía anduvo muy lenta, creciendo sólo cerca de 1.8% -una de las tasas de crecimiento más baja de los últimos 54 años excluyendo crisis económicas-; la inversión colapsó y probablemente veremos seis o siete trimestres consecutivos de caídas en inversión y si bien el mercado laboral creó cerca de 116 mil nuevos empleos, hay preocupación acerca de la calidad de estos últimos porque cerca del 55% corresponde a cuenta propia y el 45% restante fueron empleos asalariados del sector público. En paralelo, lamentablemente se destruyen empleos asalariados en el sector privado. No da lo mismo que se destruyan empleos en el sector privado y se compensen por creación de empleos de cuenta propia, porque de acuerdo a la encuesta NESI de 2013, el trabajador asalariado sector privado tenía, en promedio, salarios cercano a $467 mil mientras que una persona en empleo de cuenta propia tenía un salario promedio de sólo $244 mil -prácticamente la mitad.

Cuando el mercado laboral y la inversión se resienten, lo que permite contrarrestar los efectos en crecimiento es la productividad. Sin embargo, las estimaciones de CLAPES-UC nos indican que la productividad también habría caído cerca de 1% en 2014 y posiblemente caerá nuevamente en 2015. Parte de esta menor productividad puede corresponder a un menor uso de capital y empleo por razones cíclicas. Es una posibilidad, pero no hay que olvidar que una de las razones de la menor intensidad de uso del capital es la reforma tributaria que disminuyó la rentabilidad de la inversión. Así, muy probablemente, nos encontremos transitando hacia una economía con menor stock de capital deseado, por lo que en un intertanto prolongado, veremos un menor uso del capital, lo que afecta negativamente la productividad.

Otra posible razón de la caída en productividad es el deterioro de la calidad de los empleos. Hay un cambio importante en composición de empleos hacia empleos con menores salarios y que usualmente están asociados con empleos de mayor informalidad y de menor productividad. En ese contexto, hay que ser muy cuidadoso con el diseño de políticas públicas para incentivar la cantidad y calidad de empleos, y la reforma laboral enviada al congreso necesita urgentemente una discusión en esos ejes.

Más allá de estos temas coyunturales de reformas recientes, la pregunta es cómo mejorar la productividad en el mediano plazo. Al final del día, esto aumenta el crecimiento y mejora el empleo y los salarios. Desde 2010 en adelante se impulsó una importante agenda de impulso competitivo que buscaba mejorar la productividad y que debe haber contribuido a las altas tasas de crecimiento 2010-2013. El gobierno actual también planteó una agenda en este sentido. Sin embargo, para que cada gobierno no parta desde cero en un tema de tanta importancia, es necesario tener una institucionalidad que busque mejorar la productividad, estudiando técnicamente el tema y que trascienda al gobierno de turno. Una agencia de productividad, es decir un ente independiente pero técnicamente fuerte, puede ser una de las salidas a las caídas de productividad que estamos enfrentando. (Publicado en diario La Tercera, 9.02.2015)