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Columnas

Relicitación de concesiones: oportunidad de mejora

En 1993 en un contexto de déficit de infraestructura en el país, tuvo lugar la primera obra concesionada en Chile con la construcción del Túnel El Melón. Hoy a más de 25 años, el sistema continúa contribuyendo a materializar importantes e ineludibles obras públicas para el desarrollo nacional.

Según el informe estadístico del cuarto trimestre de 2018 de la Dirección General de Concesiones (DGC), 44 proyectos (UF MM$320) se deberán licitar entre 2019-2023 y 4 proyectos (UF ya han sido llamados a licitación. El 70% (UF MM$240) de la inversión estimada de dichos proyectos corresponde a concesiones viales, lo que genera una excelente oportunidad de mejora tanto en infraestructura como en los procesos de licitación.

Las obras de infraestructura pública -que por naturaleza son proyectos de largo plazo- requieren una planificación estratégico, que permita dotar a la infraestructura de resiliencia, redundancia, mayor capacidad y sistemas efectivos en seguridad vial, elementos claves para  los desafíos de las próximas décadas. Entonces, ¿Qué esperamos de las nuevas concesiones, sabiendo que varias de estas mejoras requieren recursos?

Se ha planteado la idea de que debido a las relicitaciones viales el valor de los peajes disminuirá. Sin embargo, esto aún no es claro ni definitivo, pues dependerá del estándar de la infraestructura y el nivel de servicio que se les exigirá a las nuevas concesiones, que deberá ser concretado en nuevas inversiones para cada caso en particular.

Es importante reflexionar que mejoras en el estándar de la infraestructura, comunicación, resiliencia, redundancia y capacidad podrían generar un significativo impacto en el nivel de servicio de las redes viales concesionadas, en reducción de tiempos de viaje y de accidentes viales.

Por último, no se debe obviar el hecho de que las re-licitaciones brindan la oportunidad de incrementar, mejorar y modernizar la infraestructura para las próximas décadas. Lo importante es responder a la necesidad de mejoras en el plazo adecuado, sin obstruir ni retrasar los procesos sino lo amerita, y no perder la disciplina de procesos competitivos de licitación. Por ello, hay que incorporar flexibilidad a los contratos de tal manera que permitan incluir los mecanismos para conducir esos cambios que seguro se requerirán en el horizonte de tiempo de la concesión.

La respuesta no es única, puesto que son múltiples las variables que se deben evaluar, pero debemos reflexionar y aprovechar las oportunidades para enfrentar los nuevos desafíos.

Columna publicada en Pulso y en Poder & Liderazgo