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Columnas

21 Agosto 2017 | Salvador Valdés | Pensiones

Sanar la angustia por las pensiones

Explico en esta columna por qué el proyecto de la Nueva Mayoría de subir la cotización en 5 puntos y crear un “Sistema de Ahorro Colectivo” fallará. Las buenas salidas requieren cambiar el enfoque.

Según la nueva encuesta DESUC – ClapesUC – Oportunidad Mayor, quienes hoy tienen 65 o más años califican su actual situación económica con un promedio de 4,9 en la escala de 1 a 10, es decir con un valor cerca del punto medio. Los valores 1, 2 y 3, cercanos a “peor situación económica posible”, captan sólo el 20% de las respuestas. El PNUD concurre, pues reconoce que los mayores de 65 años no están en una situación más desmedrada de ingresos de sus hogares que el resto de la población.

El PNUD reconoce que ello se explica porque los actuales mayores de 65 tienen otras fuentes de ingresos en el hogar: sólo en el 8% de los hogares donde viven adultos mayores la pensión de uno de ellos constituye el único ingreso. Es obvio que la importancia porcentual de la pensión en el ingreso total del hogar sea menor en la clase media, en comparación a los más vulnerables, porque la clase media tiene más fuentes de recursos en la vejez. Así, con 3 años de retraso, el PNUD confirma los estudios que hicimos en Clapes UC y 2014 y 2015, basados en la encuesta de presupuestos familiares del INE.

La cosa va por otro lado: la proporción de angustiados entre las personas que hoy tienen entre 46 y 59 años de edad es mucho mayor. Por eso marchan, y aunque no marcharan, por eso el foco debería ser asegurarlos a ellos. En la nueva encuesta citada, se preguntó a los ocupados que hoy tienen 46 a 59 o más años cómo creen que será su situación económica en su futuro retiro o jubilación. En la misma escala de 1 a 10, los valores 1, 2 y 3 captan el 55% de las respuestas. Esto es mayúsculo.

Este grupo de edad tiene algunas buenas razones para angustiarse, pero también cuenta con fortalezas que no atiende plenamente. Es preocupante que la rentabilidad proyectada de los fondos de pensiones y de sus ahorros voluntarios sea mucho menor que antes (3-4% real anual, menor que el 6-8% de las décadas pasadas). Es preocupante vivir con mayor probabilidad hasta las edades en que acecha la dependencia severa, situación de invalidez que requiere una atención cara. Antes esa carga se repartía entre las hijas, pero en esta cohorte muchos más tuvieron pocos hijos, o ninguno.

Por el lado positivo, quienes hoy tienen de 46 a 59 años tienen mejores empleos que hace tres décadas (el salario real se ha duplicado), lo que les permite ahorrar más, cotizando más y ahorrando más en viviendas mejores y en pequeños negocios. Si además votan prefiriendo políticos que cuiden al empleo de calidad (con seguridad social), los salarios y ahorros de los años laborales restantes aumentarán todavía más.

También pueden aprender de las personas que hoy tienen 65 años y más: Ellos comparten la pensión de la pareja. De haber estado casado o con AVC reciben además una pensión de viudez. La ayuda económica de familiares con que viven es importante para muchos actuales mayores de 65 años.

La política que ahora debiera tomar la comunidad es asegurar a quienes tienen 46 a 59 años que sus connacionales los ayudaremos de verdad, vía Estado y vía la sociedad civil. La ayuda debería manifestarse en crear una protección social nueva para la cuarta edad, que incluya dos grandes medidas: (a) mejorar la salud para las personas mayores, por medio de quitar a los operadores políticos el control de los hospitales públicos; y (b) crear un seguro social de dependencia severa, financiado con el nuevo 3 o 4% de cotización, que entregue una bonificación de invalidez a aquellos adultos mayores que inicien una dependencia severa después de los 80 años de edad o similar.

Columna publicada en el diario Pulso.