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Columnas

Sinceramente

En 2018 la policía argentina llegó a El Calafate para allanar la casa de Cristina Fernández de Kirchner. Buscaban —narra “Sinceramente”, el libro escrito por la expresidenta presentado el jueves en Buenos Aires— una bóveda con millones de dólares. No encontraron dinero, pero sí otro tesoro: una histórica carta de San Martín dirigida a O’Higgins en 1835. ¿Cómo la consiguió? Un regalo que Putin le dio durante su visita a Moscú en 2015. ¿Y el esfuerzo policial? Los agentes “fueron a buscar dólares y solo se encontraron con mi pasión por la historia”, concluye la autora. Paradójico. Tal pasión no se refleja en su obra.

Argentina es un caso de estudio económico. Con recursos naturales extraordinarios, el país dejó pasar su oportunidad de desarrollo durante el siglo XX. ¿Y en el XXI? A pesar de sus esfuerzos por convencer de lo contrario, quien fuera su primera dama (2003-07) y presidenta (2007-15) continuó el despilfarro: el PIB per cápita argentino fue de 21 mil dólares al inicio y final de la administración de Cristina Fernández, las reservas internacionales netas en el Banco Central pasaron de US$ 40.000 millones en 2007 a negativas en 2015 (Galiani y González, 2019), inflación y pobreza fueron difíciles de medir por el “oscurantismo estadístico” de su gobierno y el déficit primario como porcentaje del PIB se multiplicó nueve veces entre 2012 y 2015. Esto último, influenciado por el esfuerzo de la expresidenta para que su candidato (Scioli) ganara la última elección (así lo afirma el capítulo 6 de su obra). ¿Responsabilidad fiscal? Ninguna.

A pesar de las cifras, de la lectura de “Sinceramente” se desprende que en materia económica la expresidenta no ha reculado. Para ella, toda crítica es un error “desde la teoría”. El resultado es preocupante: la “pesada herencia” fiscal de Argentina no existe, “la inflación no es producto de la emisión” de moneda y “la idea meritocrática es absolutamente falsa”. Décadas de historia económica a la basura de un paraguazo.

Además, dado que la “gestión de gobierno se mide por los resultados y no por las intenciones”, para Cristina la política sigue siendo intrínsecamente cortoplacista. Tal filosofía sustentó su aumento explosivo del gasto público y menoscabo de la focalización de las acciones del Estado. ¿Hubiese sido esto posible sin el boom de los commodities? Complicado.

Y, por supuesto, para ella nada de ese pasado tiene que ver con lo que define como “el caos” de la “economía devastada” de la administración Macri. El círculo de Cristina descrito en su libro tiene víctimas, no responsables. La compleja situación actual sería solo producto del “profundo odio que siente una parte del país contra el peronismo”, instrumentalizado por los medios de comunicación. ¿Cómo se arregla el embrollo? La expresidenta plantea un “nuevo y verdadero contrato social” para “volver a ordenar todo”. ¡Aguante, Argentina!

La carta de San Martín a O’Higgins es notable. El libertador argentino le escribe al chileno (con la ortografía original): “porque ser feliz es imposible presenciando los males que aflijen a la desgraciada América”. Sinceramente, mejor dicho imposible.

Columna publicada por El Mercurio