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Columnas

Todo a última hora

Esta columna podría haberla comenzado hace varios días, pero la escribí a última hora. No pasa seguido, pero siempre el apuro deja una sensación amarga (un día más y el texto hubiese quedado más claro, pienso). Y para qué hablar del estrés que genera el atraso, tanto para el columnista como para los encargados de esta página. Es que es caro hacer las cosas a matacaballo. ¿Por qué caemos en este casi irracional comportamiento?

Desde un punto de vista técnico, dejar de hacer lo que tenemos que hacer mientras nos distraemos por algo que nos resulta más agradable se denomina procrastinación. Mark Twain lo ilustró en una frase: “No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana”. ¿Ejemplos locales? El drama que significa la compra de uniformes el fin de semana anterior al comienzo de clases, los túmulos de última hora en las tiendas para navidad y las inmensas colas en las plantas de revisión técnica el día del plazo final para renovar el permiso de circulación. Pero a pesar de la aparente propensión del chileno para mostrar este costoso comportamiento, el problema es universal.

Décadas de investigación en psicología han sindicado la impulsividad como uno de los talones de Aquiles del ser humano. Como lo explica Piers Steel, en “La ecuación de la procrastinación”, personas más impulsivas tienen dificultades para autocontrolarse y para aplazar la gratificación. Desde un ángulo distinto, pero relacionado, las ciencias económicas también han abordado el tema: Si usted no está dispuesto a postergar hoy el consumo de ocio, atrasando así sus obligaciones para mañana, probablemente le da poco peso al futuro y mucho al presente (alto descuento intertemporal). Esto, por ejemplo, puede explicar por qué algunos jóvenes optan voluntariamente por no estudiar ni trabajar. Las obligaciones asociadas a compromisos de largo plazo, chocan con el placer de pasarlo bien hoy. En el extremo, la respuesta es transformarse en un “nini”, uno de los fenómenos más gravosos que está enfrentando Chile.

¿Qué hacer al respecto? ¿Existe un rol para la política pública? Por cierto. Iniciativas en educación están demostrando que es posible inculcar la autorregulación en el ser humano, pero hay que actuar en el momento indicado. Una educación temprana de calidad puede ayudar al desarrollo del cerebro, específicamente su corteza prefrontal, contribuyendo a que en el futuro la persona combata sus arrebatos, mejore su toma de decisiones y evite los costos individuales y colectivos de la procrastinación. Recursos destinados a este tipo de iniciativas tienen un mayor retorno social que, por ejemplo, los dineros para la gratuidad en educación superior.

Para este columnista, la lección llegó demasiado tarde y estos textos seguirán pagando el precio del apuro. Pero para un país que ha tratado de arreglar sus problemas de capital humano con políticas públicas impulsivas, ha llegado el momento de dejar de hacer las cosas a última hora.

Columna publicada por El Mercurio.