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Columnas

29 Diciembre 2017 | Carlos Williamson | Política

Un Chile que cambió

Que Sebastián Piñera apretó mejor las múltiples clavijas políticas que influyen en una elección presidencial para los nuevos tiempos, quedan pocas dudas. En lo estratégico, no hubo un factor preponderante; más bien “de todo un poco”. Se hizo una mejor lectura de temas políticamente sensibles como la gratuidad, la campaña “todos contra Piñera” se transformó, sin decirlo, en algo así como “todos contra el candidato continuista de un gobierno mediocre” y hubo una activa movilización que se extendió por todo el territorio nacional.

La radiografía del Chile del Norte, de tradicional raigambre socialista, revela resonantes victorias, y tuvo como ingredientes la precarización del empleo, las promesas incumplidas en salud y la mala gestión en el tema de los aluviones. En el Sur, la brecha fue aún mayor y el discurso se enfocó en el rol de la familia que caló hondo en el voto evangélico y la inestabilidad económica y el temor a perder el empleo en la agricultura.

Este desanclaje masivo de votantes indecisos, incluso de “izquierda”, que se volcaron hacia Piñera representa lo que el sociólogo Zygmundt Bauman define como lo propio de una sociedad líquida, cuyo votante se moviliza continuamente sin que tenga domicilio político prefijado. En esta nueva modernidad, señala Bauman, lo que sigue siendo constitutivo de la humanidad es el juicio que se tiene sobre la vida “como es” en función de la vida “cómo debería ser”, siendo el impulso más importante la necesidad de trascender. De imaginar una vida diferente a la vivida. En este caso, se jugó por quien promete recuperar un auténtico progreso, extraviado en un “progresismo” insustancial que no llegó a la gente.

Se sabe que una parte de la futura oposición, tratará de hacerle la vida difícil al nuevo gobierno. Con todo, la diversidad política en el Congreso abre una oportunidad de convocatoria hacia un gobierno de unidad con los sectores menos ideologizados, a fin de dar respuestas a las demandas por mayor seguridad a lo largo y ancho de Chile. No es una utopía pensar en la continuidad de la coalición, solo se requiere voluntad política, diálogo y mucha humildad.

Columna publicada en La Segunda.