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Columnas

27 Marzo 2015 | Sergio Urzúa |

Un primer año para el olvido

Se dice que toda escoba nueva barre bien. En lo económico, sin embargo, el primer año del gobierno de la Presidenta Bachelet demostró que hay excepciones a la regla. Por donde se mire, la cosa anduvo mal, muy mal.

Por cierto, factores externos explicaron parte del mediocre crecimiento (1,8%) -el menor en períodos de no recesión desde los 60-, pero las responsabilidades internas fueron indiscutibles. El mejor ejemplo fue la reforma tributaria, la génesis de las desconfianzas entre el sector privado y la administración. Mientras se discutía la deficiente iniciativa, la demanda interna se contraía, la formación bruta de capital se desplomaba y varios sectores económicos veían afectada su actividad. Simultáneamente, las autoridades económicas desconocían los negativos efectos de sus malas ideas, de las políticas públicas a puertas cerradas, y de las amenazas a los “poderosos de siempre”. Tuvieron que pasar meses para que finalmente se rindieran ante las malas cifras económicas. Si bien todo sugiere que la lección fue asimilada, la experiencia fue perturbadora.

Desde luego, los voluntaristas aun consideran que el crítico diagnóstico es exagerado, incluso injusto. Para ellos, por ejemplo, las bajas tasas de desempleo representan un claro logro ante el complejo escenario externo: 6,1% a comienzos del 2014 vs. 6,2% doce meses después. El problema con la optimista visión es que la tasa de desempleo se puede mantener acotada ya sea generando empleos o reduciendo el número de personas que los buscan. Pues bien, adivine qué fue lo que ocurrió el 2014: Mientras el número de ocupados aumentó en 87 mil, el de inactivos lo hizo en 125 mil. Por el contrario, durante el 2013 se generaron 173 mil empleos y el número de inactivos creció solo en 18 mil. Linda forma de mantener el desempleo bajo: desalentando a los cesantes a conseguir empleo. Me cuesta ver el optimismo.

¿Se terminarán las improvisaciones? Ojalá que así sea, pero la continua proliferación de malas ideas preocupa (gratuidad de estacionamientos, impuestos a graduados de la educación superior, reminiscencias sesenteras en la reforma laboral, y la lista sigue).

¿Será la ausencia de una oposición organizada lo que explique este fenómeno? Probablemente. Siempre son buenos los contrapesos, pues fuerzan a la reflexión, contribuyen al debate y previenen la tiranía de la mayoría.

¿Corresponde a la Nueva Mayoría un mea culpa por su primer año? Por cierto, pero las responsabilidades son compartidas. De otro modo no se entiende cómo, luego de los éxitos económicos de las últimas décadas, y en particular del período 2010-2013, terminamos sumidos en mediocres cifras, plagados de malas ideas y enterándonos de impresentables abusos. Un mea culpa generalizado es esencial para recobrar las confianzas. Esto nos debe quitar el sueño hoy, para así evitar pesadillas mañana.

 http://www.elmercurio.com/blogs/2015/03/15/30176/Un-primer-ano-para-el-olvido.aspx